Credits: Article and images by Israel Ortega @ Revolution Watch Magazine. See the original article here - https://revolution.watch/mxl/ilaria-resta-ceo-de-audemars-piguet-nuestro-proposito-es-crear-y-compartir-el-sueno-y-la-pasion-por-la-relojeria/
Hay conversaciones que trascienden el registro periodístico para convertirse en una forma de aprendizaje. Encuentros que, más allá de la anécdota y la satisfacción personal (que tanto aprecio), afinan la mirada y expanden el entendimiento de una industria que, en el mejor de los casos, es también cultura. Hablar con Ilaria Resta, CEO de Audemars Piguet, se inscribe precisamente en ese territorio: uno donde la relojería deja de ser objeto para convertirse en lenguaje, en sistema de pensamiento, en vehículo de transmisión. En el marco de Watches & Wonders Ginebra 2026, esa dimensión se reveló con particular claridad.
Resta abrió el momento con una observación sencilla, casi íntima: el rostro de su equipo. En el cuarto día de feria —tras jornadas largas y exigentes— lo que percibe no es agotamiento, sino entusiasmo genuino. Para ella, ese detalle es estructural, no anecdótico. Define el sentido de estar ahí: «Se puede ver que trabajan muchas horas, pero la sonrisa en sus rostros y el entusiasmo son tan contagiosos… y son reales. Nuestra gente está feliz de estar aquí, lo cual es extremadamente importante para mí. Están felices porque interactuamos con clientes y colegas de la industria. Estamos en medio del evento más importante del año en Suiza en torno a la relojería, y es un momento de orgullo. Solo eso ya me hizo pensar: tiene sentido. Tiene sentido que estemos aquí».

Ese matiz es clave: Audemars Piguet no concibe la feria como un espacio transaccional ni para la proyección de pedidos y ventas. Lejos de una lógica comercial inmediata, la propuesta de AP en el Palexpo se acercó más a la de una exposición museográfica. Un territorio de expresión donde el savoir-faire se presenta, se contextualiza y se comparte: «Necesitamos estar aquí para mostrar nuestro saber hacer, para poner en primer plano a nuestra gente, para formar parte de esta industria. No estamos aquí para vender relojes; tenemos otros momentos para eso. Aquí, en Watches and Wonders, es más bien una exposición, casi como un museo, que una presentación de piezas».
De ahí emerge uno de los conceptos centrales de su discurso: el propósito. Para Resta, el buen desempeño del negocio y el propósito son indisociables, pero no equivalentes. El buen desempeño —los resultados, el crecimiento— es necesario; el propósito, en cambio, es fundacional: «Nuestro propósito es realmente crear y compartir el sueño y la pasión por la relojería. Porque, en última instancia, queremos perpetuar la existencia de Audemars Piguet como una casa independiente para siempre. Eso es extremadamente importante para nosotros».

La historia de la casa respalda esa postura. No siempre hubo éxito. Durante décadas, la supervivencia fue precaria, sostenida por convicción más que por rentabilidad. El crecimiento reciente introduce un nuevo desafío: cómo mantener la coherencia entre escala y esencia: «Esta empresa ha pasado por muchos años en los que no ganábamos dinero, en los que realmente tuvimos que luchar para pasar de un día al otro, hasta llegar a un gran éxito en los últimos 10 o 15 años. Y ahora entramos en una nueva fase de la industria. Es fácil entregar resultados, pero es mucho más complejo hacerlo manteniendo la conexión con tu propósito».
Es, en términos estratégicos, la tensión clásica entre la expansión y la autenticidad. Ilaria Resta la resuelve volviendo al origen, pero no desde la nostalgia, sino desde su activación contemporánea: «Queremos ser fieles a nuestros orígenes, así que necesitamos estar cerca de ellos y comprenderlos, y queremos compartirlos con todos. Queremos mantener nuestra libertad creativa. Quiero explorar la relojería en todos los aspectos en los que puede serlo».

En ese contexto se inscribe el Atelier des Établisseurs, presentado en la feria. Más que una iniciativa estética, es una declaración de principios. «El Atelier des Établisseurs realmente pone en primer plano lo que fuimos en el pasado: un établisseur, un coordinador del trabajo de otros artesanos. El estímulo creativo viene de fuera, y hay tantos oficios que están a punto de desaparecer si no los apoyamos a través de la relojería», dice Resta.
Ella es particularmente enfática en este punto. La relojería no solo crea objetos; preserva conocimiento: «Cuando descubres lo que hacen, piensas: esto es demasiado valioso como para dejarlo desaparecer. Tenemos que seguir alimentándolo».
Esa misma lógica de apertura se extiende a la relación con el público. Las cifras que menciona —cientos de visitantes diarios, estancias prolongadas— evidencian un cambio de paradigma. «Son personas que no vienen solo a entrar y salir. Se quedan media hora o más, para una inmersión larga en el mundo de la relojería». La feria y el AP Lab dispuesto en el centro de Ginebra durante los días de la feria responden a una misma misión pedagógica: «El propósito es educar. El propósito es crear pasión. Es muy difícil explicar un repetidor de minutos, pero allí, con música, relojeros y un DJ, lo explicamos de manera lúdica y divertida. Para mí, el éxito es que la gente salga diciendo: ‘No sabía lo que era una complicación; ahora lo sé’. Ese es el sueño».

El libro The Watch: Stories and Savoir-Faire, un bello tomo creado por AP bajo la dirección de Sébastién Vivas, director de Patrimonio y del Museo, se inserta perfectamente en este ecosistema. Lejos de ser un ejercicio de autopromoción, funciona como una obra coral: «El libro es una obra coral de mi increíble equipo. ¿Por qué no mostrar la industria en su conjunto? ¿Por qué no explicar la relojería y no solo Audemars Piguet? Mostramos proveedores, socios, hablamos de competidores abiertamente. Es el trabajo de toda una industria».
Ese posicionamiento implica un giro conceptual significativo: «Por primera vez en mi vida, en casi 30 años, ya no hablo de competencia. Ya no estoy obsesionada con quitarle cuota de mercado a nadie. Esta industria es tan pequeña y tiene tanto potencial de crecimiento que solo trabajando juntos podemos hacer realidad un sueño».

El verdadero desafío, entonces, no es redistribuir cuota de mercado, sino expandir la base cultural de la relojería: «Deberíamos dedicar todos nuestros esfuerzos a hablar con personas que ni siquiera saben qué es un reloj mecánico. En el momento en que lo compartes con ellas, sueñan con comprar uno o con trabajar en esta industria».
En ese punto, la creación adquiere una dimensión distinta. Ya no se diseña únicamente para el conocedor, sino también para quien está a punto de descubrir: «Cuanto más hablamos con personas que no saben, más podemos crear entusiasmo». Así, «inspirar el sueño» deja de ser una abstracción y se convierte en un objetivo operativo. De ahí surgen iniciativas como el documental Inside the Dream: «¿Cómo compartes un sueño? ¿Cómo compartes emociones? No puedes definir una emoción: tienes que vivirla. Ese documental es una manera de expresar, con la voz de nuestros relojeros, la emoción detrás de la creación de una pieza». El documental Inside the Dream está disponible en Amazon Video (verifique su disponibilidad local).
Al final, los relojes nacen casi como una consecuencia. Son la materialización de una red compleja de ideas, oficios, historias y pasiones. Bajo esa perspectiva, Audemars Piguet deja de ser únicamente una manufactura para posicionarse como un agente activo dentro de un ecosistema más amplio: uno que conecta arte, conocimiento y transmisión. Y quizá ahí reside la mayor precisión de su planteamiento, en una idea que trasciende la relojería misma: «Seguir sorprendiéndose a uno mismo, seguir aprendiendo de todos… ese es realmente el propósito de la vida», dice Ilaria.

Hechizos del tiempo
En Watches and Wonders, donde la relojería suele medirse en lanzamientos y proezas técnicas, Audemars Piguet decidió desplazar el foco: no solo mostrar relojes, sino explicar el sistema que los hace posibles. En ese gesto se inscribe el Atelier des Établisseurs, quizá la cristalización más precisa de las ideas que Ilaria Resta ha defendido: propósito, colaboración y transmisión.
El Atelier no es una colección en el sentido tradicional, sino un marco conceptual llevado a la práctica. Su raíz está en el établissage, modelo del siglo XVIII en el Valle de Joux donde la producción se organizaba como una red de habilidades distribuidas. Artesanos independientes —especializados en ruedas, puentes o tornillos— trabajaban desde sus talleres, coordinados por un établisseur encargado de ensamblar el conjunto. La inteligencia colectiva precedió la integración vertical.

Audemars Piguet nació bajo ese sistema. Con el tiempo, desarrolló capacidades internas para fabricar un reloj completo, pero sin perder ese ADN colaborativo. Hoy, el Atelier reactiva ese espíritu con una intención clara: preservar oficios cuya continuidad está en riesgo y devolverles su centralidad en el proceso creativo.
Ubicado en la histórica casa de la marca, hoy integrada al Musée Atelier Audemars Piguet, el proyecto reúne una constelación de disciplinas: grabado, esmaltado, esqueletización, engaste, marquetería, junto con el diseño e ingeniería contemporánea. Cada especialista aporta no solo técnica, sino también sensibilidad. El resultado no responde a una lógica industrial, sino a una temporalidad distinta, donde el tiempo vuelve a ser un recurso creativo.
Las piezas —producidas en cantidades extremadamente limitadas— no buscan reinterpretar el pasado, sino activarlo desde el presente. Tradición y vanguardia conviven sin jerarquías, generando relojes que son, ante todo, síntesis de colaboración.
Como lo expresa Resta: «El Atelier des Établisseurs encarna el espíritu de colaboración y la investigación creativa que siempre han sido la esencia de Audemars Piguet. Además, revitaliza nuestra tradición relojera y contribuye a la preservación de valiosas técnicas tradicionales de nuestro sector».
En Watches and Wonders, esta visión tomó forma en tres creaciones únicas. Cada uno condensa múltiples manos, múltiples saberes y una misma convicción: que la relojería, para seguir siendo relevante, debe entenderse como cultura viva.
Así, el Atelier des Établisseurs cierra el círculo planteado por Resta: establece una manera de asegurar que el conocimiento —que no siempre se ve, pero que define todo— continúe transmitiéndose, evolucionando y encontrando nuevas formas de expresión.
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