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Universal Genève regresa. No como una reedición de nostalgia, sino como un relanzamiento con colecciones nuevas, movimientos de manufactura propios y una presencia que la marca no había tenido en décadas. Para quienes siguen la relojería con atención, el nombre no necesita presentación: es la firma detrás del Polerouter de Gérald Genta, el Compax de Nina Rindt y el Cabriolet de 1933. Para quienes la descubren ahora, es una de las historias más interesantes del año en la industria.

La marca siempre se definió a sí misma como “Le Couturier de la Montre”, el modisto del reloj. No era un eslogan de marketing, sino una declaración de principios: la convicción de que un reloj puede funcionar como instrumento de precisión y al mismo tiempo como objeto de expresión estética, de la misma manera que la alta costura une la técnica con el estilo. Esa idea es también la que estructura el relanzamiento. Cada colección tiene su propia personalidad, sus propios referentes visuales y su propio movimiento de manufactura, igual que una casa de moda presenta líneas distintas para contextos distintos. El Polerouter es la propuesta cotidiana con historia de aviación. El Compax es el cronógrafo con raíces en el automovilismo. El Cabriolet es la pieza de carácter artístico. El Disco Mini es la propuesta femenina de uso diario. Y las creaciones de “alta costura” y los relojes icónicos (Signature Timepieces) son la cúspide de esa pirámide. Distintos registros, una sola filosofía.

El regreso tomó forma en México con una presentación en el hotel The St. Regis, de la Ciudad de México, donde Georges Kern, CEO de House of Brands, el grupo que reúne a Breitling, Universal Genève y Gallet, explicó la visión detrás del proyecto. La idea no es revivir una marca dormida con reediciones puntuales, sino reconstruir una manufactura con identidad propia y una propuesta que va desde relojes de uso cotidiano hasta piezas de alta joyería relojera.

El punto de partida es el Polerouter. El 15 de noviembre de 1954, un vuelo de Scandinavian Airlines abrió la primera ruta transatlántica sobre el Polo Norte. Los pilotos necesitaban un reloj para condiciones extremas y Universal Genève encargó el diseño a Gérald Genta, entonces con 23 años. Nació así el Polerouter, con esfera abombada, anillo de tensión exterior y orejas torcidas, un reloj que con el tiempo llevarían figuras como Bruce Lee y Alain Delon. El nuevo modelo conserva esa arquitectura y la equipa con el calibre UG-110, un microrrotor de 3.8 mm que funciona a 4 Hz con 72 horas de reserva de marcha. La línea Prêt-à-Porter ofrece versiones de 39 mm con fecha y de 37 mm, en acero inoxidable o en oro rosa de 18 quilates. Las ediciones Cápsula amplían la propuesta con el Camaïeu, que divide la esfera en cuartos con tonos en degradé, y el Hardstone, con esferas de lapislázuli, ojo de tigre y ojo de toro.

El Compax es el cronógrafo de la colección y carga con una historia cultural que va más allá de la relojería. Nina Rindt lo llevaba en los circuitos de Fórmula 1 mientras cronometraba las vueltas de su marido Jochen Rindt. La esfera panda en blanco y negro, la correa tipo Bund y la aguja roja del cronógrafo son los elementos que definen al modelo. El nuevo Compax los recupera en una caja de 39.5 mm equipada con el calibre UG-200: cronógrafo con microrrotor integrado, rueda de columna, embrague vertical y puente de volante transversal, de 6.63 mm de grosor, a 4 Hz y con 72 horas de reserva. La línea Prêt-à-Porter incluye versiones panda y panda inverso en acero, más una en oro con esfera azul medianoche. Las ediciones Cápsula presentan esferas con textura de lino en índigo, verde salvia y lavanda.





El Cabriolet remonta al Ideo de 1933, el primer reloj reversible de Universal Genève. La nueva versión respeta el mecanismo de bisagra original y lo equipa con el calibre de cuerda manual UG-111, de 3 mm de grosor, a 3 Hz y con 72 horas de reserva. La esfera lleva numerales en la tipografía Bifur de Cassandre. Una edición Cápsula de 15 piezas en oro rosa lleva pinturas en miniatura de obras de Tamara de Lempicka, realizadas por la miniaturista Isabelle Villa, con cinco ejemplares por obra.





El Disco Mini es la única colección sin antecedente directo en el catálogo histórico. Es un reloj de 28 mm con esfera de nácar, corona oculta y sistema de intercambio de correa mediante clip. Las opciones incluyen correas de piel de aligátor y de tweed elaboradas por el fabricante francés Julien Faure. Una edición Cápsula en oro blanco de 32 mm, el Disco Mini Lace, suma una esfera de nácar azul y bisel con engaste de diamantes.




La cima de todo el relanzamiento son las creaciones de alta costura y los relojes icónicos. Las primeras exploran el punto de encuentro entre la joyería y la relojería, con cuatro interpretaciones: el Dioramic, el Cabriolet, el Disco Mini y el Disco Maxi. El Dioramic de alta costura toma como referencia el modelo de 1956 conocido originalmente como Monodatic, con bisel abombado y tridimensional, caja en celosía con esmeraldas y detalles de laca champlevé en jade imperial, todo en oro rosa. El Cabriolet de alta costura convierte el mecanismo reversible en un brazalete escultórico Art Déco: la esfera queda oculta y se revela mediante la bisagra característica del modelo, con cajas de oro blanco con motivo de espiga en diamantes baguette y zafiros, y esfera de nácar en mosaico. El Disco Mini de alta costura lleva esfera tallada en ópalo con halo de piedras, en caja de oro rosa de 18 quilates. Y el Disco Maxi es una pieza de 42 mm inspirada en los cronógrafos Uni-Compax históricos, con esfera de raíz de rubí y un degradado de piedras baguette que pasa del rubí al zafiro rosa y al diamante, con engaste invisible y correa de aligátor rojo rubí.



Los relojes icónicos completan el cuadro. El Dioramic contemporáneo retoma el bisel sobredimensionado con estriado concéntrico, índices en forma de trapecio inclinado, cristal tipo caja de zafiro y el calibre UG-110 de doble barrilete, en versiones de acero con esfera azul y oro rosa con esfera negra. El Disco Volante, cuyo apodo entre coleccionistas viene del perfil de platillo volante de los Uni-Compax de finales de los años treinta, regresa con caja escalonada sin orejas, cristal abombado, esfera granulada con contadores de cronógrafo y escala taquimétrica, en acero con esfera azul o en oro rosa.

En conjunto, “Le Couturier de la Montre” no es solo un legado que se invoca. Es la estructura que da coherencia a un relanzamiento donde cada pieza, desde el Polerouter, hasta las creaciones de “alta costura” de pieza única, responde a la misma convicción: que en relojería, la forma y la función no compiten. Se complementan.



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Edición: Eduardo Castañeda H.
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